Saltar la navegación

Reflexión Final

Reflexión final

Licencia: CC0

La diversidad cultural y lingüística presentes en un territorio, nos ponen de cara a un desafío muy importante y es el de construir un modelo educativo que de apertura a los aportes de todas las culturas en igualdad de condiciones, así como el de dar la oportunidad de formar seres humanos fortalecidos en su identidad, constructores de sus territorios, administradores de sus recursos y abiertos al diálogo franco y enriquecedor, con capacidad de co-constuir país desde la diferencia.  

Una educación que enseñe a respetar al otro, a ver la diferencia como algo positivo, a resolver conflictos desde un diálogo franco y abierto, a vivir la interculturalidad  dejando de lado los etnocentrismos, los colonialismos y las dualidades que polarizan y dividen y los totalitarismos que anulan y excluyen. 

Según Freire el punto de partida de la educación está en el contexto cultural, ideológico, político y social de los educandos así como en el reconocimiento y la asunción de su identidad cultural y realidad contextual. Freire (2012) nos recuerda que una escuela multicultural debe estar abierta al cambio y debe
ser humilde y estar dispuesta a aprender de quien ni siquiera ha sido escolarizado. Para ello propone un modelo de escuela democrática que, además de estar abierta permanentemente al cambio, debe estar dispuesta a aprender de sus relaciones con el contexto. “De ahí viene la necesidad de, profesándose democrática, ser realmente humilde, para poder reconocerse aprendiendo muchas veces con quien ni siquiera se ha escolarizado” (p. 122).

En otro de sus aportes, Freire (1993), resalta la importancia del respeto y el mantenimiento de la lengua con la que los estudiantes llegan a la escuela, lo coloca en el plano de lo fundamental y lo plantea como una cuestión de voluntad política. La mirada de Paulo Freire “no existe el verdadero bilingüismo, mucho menos multilingüismo fuera de la multiculturalidad, y no existe ésta como fenómeno espontáneo sino como fenómeno creado, producido políticamente, trabajado a duras penas en la historia” (p. 149-150).

En conclusión, desde la propuesta etnoeducativa, se pretenden recoger todos estos retos y desafíos para convertirlos en propuestas concretas y ponerlas en manos de los etnoeducadores para materializarlas en sus comunidades y fuera de ellas, ya que la etnoeducación es un asunto de todos, no solo de los grupos étnicos sino de toda la población en general porque a todos nos compete formarnos para la interculturalidad en el sentido crítico de la palabra.